Celeste Olalquiaga: somos una reservación kitsch Junio 18, 2007
Posted by ivan in entrevistas.Tags: beatriz sarlo, celeste olalquiaga, czukay, folclore, internet, jean baudrillard, kitsch, mundo feliz, negroponte, next, tecnología, walter benjamin
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La esencia del mundo, superado el rave de la postmodernidad, es el reciclaje de formas, deseos, objetos, relaciones y creencias en nuevas y más divertidas formas, deseos, objetos, relaciones y creencias. Stockhausen, Czukay y John Zorn, entre otros músicos, utilizan el sampler como “texturizador” de la experiencia auditiva al crear palimpsestos poblados por sintonizaciones de radio, prédicas evangélicas, gritos, espasmos y electrónica, mucha electrónica. En las artes plásticas, Andy Warhol le pasó la antorcha a Miguel Von Dangel y su recuperación de José Gregorio Hernández, el nunca Santo venezolano mientras que la literatura de Coupland ilumina el sendero de artistas menores y perversos como Guillermo Fadanelli quien intenta explicarle la postmodernidad a las putas del DF mexicano. En The Artificial Kingdom Celeste Olalquiaga confiesa su pasión por Roadney, un cangrejo reciclado como pisapapeles.
Quizá algún día, cuando Walt despierte, sea reciclado como uno de sus personajes: ¿Mickey, Pluto, Donald? De la mano de Walter Benjamin, Olalquiaga nos delata la pérdida del aura del mundo (y su reformateo como una finísima decepción) a partir de la eclosión de la tecnología y sus amadas consecuencias: velocidad, obsolescencia y multiplicación de intangibles. De paso por Caracas: visitas familiares, recolección de objetos kitsch y una conferencia en el MAO, Celeste Olalquiaga me concedió 40 minutos de entrevista , en un encantador apartamento decorado con ingenuas obras de arte y una iMac anaranjada…
-Celeste Olalquiaga: ¿Qué es CyberAnalítica?
-Iván R. Méndez: Somos lo más cercano al todo. Una iBook, un árbol, un anaquel lleno de imágenes de María Lionza y un helado de la 4D. CO: ¡Qué kitsch!
-Iván: Tú dijiste la palabra clave… Kitsch e Internet: ¿piensas que el kitsch se redimensionará en la red? ¿hay equivalencia entre los pasajes franceses del siglo XIX, precursores de los Malls, y las tiendas on line?
- Mira, el kitsch puede aparecer por doquier. Una de sus características es que es absolutamente versátil y puede surgir en cualquier lugar. Cualquier cosa es potencialmente kitsch, porque yo entiendo que el kitsch es una sensibilidad de un objeto, representa una sensibilidad de algo que se pierde. Frente a Internet hay toda una realidad que pierde legitimidad y que por lo tanto empieza a parecer kitsch. Eso responde a un cierto tipo de kitsch que es el que más me interesa: el kitsch melancólico. Ahora el kitsch que más aparecería en Internet no es el melancólico, pues estaría desplazando una realidad que se convierte en kitsch, pero sí hay un kitsch que propiamente aparecerá en el Internet, pues la cantidad enorme de imágenes que circulan en la red pueden ser de todo tipo y su uso varía a alta velocidad. Por ejemplo, una imagen que hasta ahora haya sido utilizada como una cuestión más clásica del arte se convierte en un ícono o en un background de la pantalla. Ya es kitsch porque está siendo devaluada como lo que era anteriormente y está pasando a otra circulación que con frecuencia es humorística, ese es el kitsch nostálgico, el kitsch retro que yo discuto en mi libro The artificial kingdom, que no ha sido traducido al castellano pero sí al alemán. Allí distingo entre dos tipos de kitsch, uno humorístico o irónico que se alimenta de las cosas retro y donde los objetos son tomados y presentados en una visión glorificada como el caso de un background de una pantalla y su antítesis, el kitsch melancólico que es la ruina sobrante de lo que esta nueva realidad está desplazando.
- Entonces, el kitsch, ¿quedaría anclado en la realidad atómica, tomando la referencia de Negroponte?
- Sí, en la realidad más material… Entre la tecnología digital y la analógica, en una tienes una realidad reproducida a través de elementos materiales como es el caso de la fotografía; y en la otra aparece construida a través de elementos digitales que son los puntos. La realidad virtual está tratando de desplazar a la otra, pero no puede, porque todo el mundo olvida que no es posible una realidad virtual sin un apoyo material, eso es fundamental. Lo que pasa es que el apoyo material no solamente se hace cada vez más invisible, y a los efectos del capital mientras más invisible mejor, porque todo el sustrato de lo que son los trabajadores desaparece, pero a su vez la realidad virtual propone toda una ideología de un nuevo mundo: se presenta como una tecnología revolucionaria.
- Ese fenómeno ha sucedido antes, por ejemplo con la llegada de la electricidad y otros objetos que ofertaban revoluciones en el “way of life” americano del XIX.
- Absolutamente cierto, por eso estudio el kitsch como un fenómeno cultural del siglo XIX, yo tengo esta visión del kitsch como lo que va quedando atrás, desechos rezagados en contraste con el avance de la tecnología, eso comenzó en el siglo XIX porque se da la Revolución Industrial. Con esa revolución se entra en un fenómeno paradójico, porque por un lado la gente se entusiasma por el cambio, pero por otro, más inconsciente, le da terror todo lo que se está perdiendo. Ahora pasa algo muy parecido, la realidad virtual desplaza lo material, lo táctil y va desplazando toda la idea del cuerpo. Así vemos fenómenos como gente interesada en coleccionar rocas y huesos. En Nueva York encuentras tiendas de huesos. Cosas que son realmente muy orgánicas y que nos retornan a la idea de la naturaleza como algo que se puede tocar y no como un efecto especial que se encuentra en la pantalla.
- ¿Esta suerte de neonostalgia no contrasta con la anterior?, pues ahora el objeto fuente de la nostalgia está hiperrealizado, lo que va quedando atrás es reabsorbido y presentado en alta definición?
- (enfatizándolo) No es lo mismo. Nunca es lo mismo, nunca…
- Para ti y para mí no…mas la generación NEXT ya casi no consume tacto y vienen con el estilo de vida virtual “Inside”…
- Ellos sí… Lo que se va a producir es un fenómeno donde no se podrá distinguir la representación de la realidad. ¡Claro! estás manejando otra realidad. Pero yo que pertenezco a la generación con un vínculo muy fuerte a lo previrtual voy a sentir ese desfase, que probablemente la próxima generación tendrá una reacción muy nostálgica. Quizá por eso están surgiendo los fundamentalismos (incluyendo los neonazis) como movimientos de recuperación de realidades puras, entre comillas. Lo que se va a plantear es una lucha entre qué es más real. Pero nadie podrá responder esa pregunta, porque sabemos que la realidad es algo subjetivo.
- La mataron, según Jean Baudrillard… ¿tú lo crees así?
- No, yo creo que la realidad sigue en nosotros, esperando que nos conectemos con ella…
- El kitsch como fenómeno está asociado a una decantación lenta, un proceso. La manera como la gente lo hace suyo es muy, muy lenta. Mas el objeto devaluado en la Internet es muy veloz, ya no asociamos el kitsch a un objeto en particular sino a un estilo tecnológico, al concepto de background de pantalla, por ejemplo…
- El kitsch siempre está asociado a tecnología, a su velocidad. En el siglo XIX la producción en masa se percibía como algo rapidísimo… Lo que es lento es la relación de uno hacia el objeto, el cual está cargado de algo tan importante como la emoción, pero en la velocidad, la emoción no tiene casi lugar, uno pasa por grandes emociones pero no por afectos. Eso es lo que desplaza la velocidad, desplaza la capacidad de vincularse afectivamente a las cosas. O establece vínculos afectivos muy precarios que crean una gran inestablidad tanto individual como social y, por lo tanto, tenemos esas grandes reacciones fundamentalistas que buscan asirse a algo.
- ¿Podría detonarse un kitsch hacia adelante, en el sentido de las colecciones de objetos baladíes como navecitas de Star Wars, que anticipan el futuro y son íconos de colección?
-Yo creo que hay todo un kitsch futurista, espacial, que es una mirada al futuro que ya envejeció. Al envejecer se convierte en kitsch. Ahora la producción que viene puede ser de antemano kitsch desde el momento que uno sabe, como tú mismo dijiste, que va a tener una vida muy corta, por un lado, y una proliferación excesiva por otro, va a ser absolutamente iconográfica. Como ves, todos los elementos están dados, lo que lo garantiza es la obsolescencia, que está casi predeterminada por el tipo de uso tan febril que caracteriza al consumo masivo de hoy en día.
- Esta ubicuidad de lo tecnológico, ¿no puede ser una tentación para la creación de un Dios artificial que, alimentándose de las bases de datos, sea capaz de consolar y dirigir nuestros comportamientos?
- A mi lo que me parece es que eso genera una dependencia total de la tecnología y así es muy fácil entrar en un sistema totalitario. Una de las cosas que más me da miedo es que la generación que me sigue está fascinada por la tecnología y esta implica de entrada la pérdida de una conciencia histórica, porque se pierde la memoria. Incluso la memoria artificial es eso: memoria artificial, a la cual accedes para buscar datos, pero los datos no son la memoria, pues la memoria es más que datos, es subjetiva y selectiva. Pienso que el endiosamiento de la tecnología está generando, sin que nadie se dé cuenta, una generación altamente apropiada para un sistema autoritario. Estos avances son aparentemente descentralizados, pero realmente hay una centralización en términos de lenguaje, de pensamiento y de capital, que cada vez se consolidan en conglomerados mayores. La película The Matrix te da la idea de una realidad virtual en la cual uno cree estar viviendo libremente y no está viviendo sino en el programa de otra persona.
- Si la división digital que separará a los países ricos y pobres continúa tan aceleradamente, ¿no podría convertirse el Tercer Mundo en un museo kitsch, una suerte de reservación para los visitantes del Primer mundo?
- No es una noción mala, pues los que quedan en una segunda categoría van a proveer, como siempre, la mano de labor barata para el ensamblaje de las maquinarias, porque sin maquinarias no hay realidad virtual… Ahora se ensamblan en la frontera con México, y de aquí viene el planteamiento brillante de The Matrix, como esos países van a tener las ruinas de la realidad, entonces la gente irá allá a obtener un sentido de realidad que no puede obtener en una cultura hipertecnologizada… Pero recordemos que en The Matrix esa realidad eran las cloacas. La realidad, efectivamente, tal como la hemos conocido terminará siendo paupérrima.
- ¿Seremos los salvajes del Mundo Feliz?
- Sí, y seremos muy pocos, porque a pesar que digan que todo el mundo tiene acceso a Internet, eso es falso, porque tienes que comprarte la computadora y solo la clase media puede invertir. Además, necesitas un capital cultural que pocos tienen… Lo más lógico y sencillo es empezar a comprar por Internet, pero para lo que es útil, que es para difundir información, requieres entrenamiento y tener un capital cultural que te permita hacer algo con eso. Allí radica el abismo…
- ¿Piensas que necesitamos neoanarquistas que rompan las cadenas totalitarias que se vislumbran, que se redimensionen nichos como Hotline y Gnutella ? (agrego en 2007: Torrent, aMule)
- Los neoanarquistas son los primeros que se utilizan para detectar a quienes están saboteando. Todo es dinero, los hackers son amenazados con cárcel o son comprados con muchos dólares… Yo no creo que ellos sean la salvación. Se implementarán regulaciones, porque Internet seguirá con nosotros. Mientras más competencia haya será mejor, pero los capitales que aglutinan todo, lo impiden. Cuando hablo de competencia no me refiero a la mercantil, estoy hablando de competencia de distintos discursos que intentan filtrarse, subvertir y lograr distintas cosas de ese mecanismo… Pero la gente sólo ve la competencia mercantil, comprar de todo. Eso no sirve para nada… Conocimiento a través de Internet no lo tienes, tienes datos que bajas, subes, llevas a derecha o izquierda… Además, el hecho de estar descontextualizados les resta un poco de valor, los hace intercambiables con cualquier otra cosa.
-Eso es muy postmoderno… Giran sin su sentido inicial, de allí que quizá estemos trasladando vicios de la televisión a la red, el zapping sugerido por Beatriz Sarlo, la urgencia de cambiar canales y pegar contenidos inconexos…
- Sí, es un buen punto porque es un discurso fragmentario ante el cual uno es sumamente impaciente y mientras más rápido más impaciente es uno: queremos satisfacción inmediata. Por definición eso te va a producir el mismo efecto zapping, de un consumo cultural cada vez más fragmentado, descontextualizado. Cuando yo escribí Megalópolis eso parecía una opción liberadora, pero ahora no lo veo así, pues uno puede romper con los discursos tradicionales, pero debes hacer una propuesta que integre lo viejo con lo nuevo, para mí es lo ideal y de allí surgiría una sabiduría cultural. Nosotros no hemos aprendido la gran lección del siglo veinte, no se puede hacer borrón y cuenta nueva. Ese mismo borrón y cuenta nueva que la modernidad le aplicó a la tradición, luego se lo aplicó a sí misma, como la serpiente que se muerde la cola. La gran lección es que uno tiene que poder integrar lo nuevo con lo viejo. Una de las cosas que me gustó mucho de vivir en Europa, fue que los europeos valoran su calidad de vida. La idea de mantenimiento, tradición con tecnología incorporada, no la cultura americana donde todo debe ser sustituido, porque todo está hecho para durar un par de años. Por ahí va la cosa, en la integración de lo viejo y lo nuevo, tomar lo que sirve y no descartarlo de entrada como hizo el modernismo.
- Kitsch de segundo grado. La clase media de los países rápidos y la del Tercer Mundo se hermanan en el consumo de la tecnología, en el status portátil (celular Nokia, iBook, Palm). Pero los del Primer Mundo vienen a buscar realidad y vendernos aparatos, somos su geografía kitsch, pero nosotros, ¿cuál es nuestro kitsch?
- Nosotros mismos. Aquí el kitsch está en la cuestión folklórica, que en Venezuela vive un auge nacionalista, pero creo que también, como lo planteo en Megalópolis, nuestra integración al Primer Mundo no es regular ni homogénea, transformamos la tecnología en kitsch. ¿Recuerdas los celulares?, las carteritas que los imitaban antes que los hubiera en cualquier otra parte, es un mecanismo de adaptación del Tercer Mundo que tiene una visión más distanciada de todo lo que es la tecnología. Mientras que el Primer Mundo la consume de una manera muy homogénea. Ahí se da el fenómeno, esa incorporación puede kitschsificar ciertos objetos al darles una fisionomía propia que los descontextualiza de lo que era su función original. Otro ejemplo son las antenas parabólicas, porque hay muchas, son un paisaje extraterrestre en la ciudad, dejan de ser algo tecnológico y uno las ve como un adorno vetusto, quedan como una reliquia del pasado (risas).
- Aquí son un escape… La gente se encierra (inducidos por el pánico a la calle y las fobias que empiezan a masificarse) en altas medidas de seguridad y viaja al Primer Mundo a través de sus antenas… ¿Aún así es kitsch?
- Para los que estamos viéndolas desde afuera sí. Recuerda que la gente que más utiliza el kitsch es la que menos tiene conciencia de que eso es un fenómeno kitsch… El uso de los teléfonos celulares es menos que kitsch. Todo entra dentro del folclore urbano.
- ¿Podría ocurrir que algún día la gente vuelva a la realidad y confine la Internet sólo a las computadoras y termine el kitsch siendo la red y no el afuera?
- Como te dije al principio, yo no creo que el kitsch pueda estar nada más en uno u otro lugar… Hay una cita que utilicé en mi libro y que dice: “El estilo muere y solamente queda el kitsch”. De alguna manera, el kitsch va a sobrevivir a todo eso y él será un residuo reciclable cargado de información, que conviene rescatarse. Porque el kitsch no es solo el desecho que se deja atrás, porque si uno puede reinterpretarlo te regala una comprensión más cabal de lo que significa ese objeto en la historia. Esos objetos son una prehistoria para conocer nuestro estado actual. Volviendo al planteamiento inicial de tu pregunta, creo que la realidad no será nunca ni blanco ni negro, por más que concienticemos a la Internet como una generadora de nuevos problemas, esta mantiene su poder a través de las reglas de etiqueta que la rigen y que dicen que siempre podrás encontrarle un lugar que no será privilegiado. Pero va a seguir porque el comercio se fue por allí. Solo si te metes a cuáquero y te vas con las vacas a una montaña, podrás escapar pero quizá hasta ellos empiecen a utilizar la red, pues les facilitará algunas transacciones. Estamos perdiendo la conexión con nosotros mismos, la Internet entrega una conexión falsa, una evasión. Evadimos la realidad y creemos que se evade para esconderse en estos paraísos artificiales que es lo que es la www: una sucesión de paraísos artificiales…
Versión 1.0 publicada el 24.08.00 01:51 p.m
Vital artículo para ser analizado por personas que habitamos este planeta y este tiempo.
Tiempo nuestro, del ser humano, que debe ser concientizado.
Por demás, agradezco esa conclusión dirigida a la necesidad de unir lo viejo y lo nuevo, pues es tangible y lamentable que lo nuevo ya camina en los zapatos de nosotros. Entonces esa unión se convierte en una solución frente a esta intensa melancolía
Buena entrevista. Y ella muy critica y muy inteligente.
Alguien me podria colaborar en decir como consigo el libro megalopolis? Por fa!.
Vivo en bogota