Maruja Torres: Siempre luché por no ser como mi madre julio 14, 2007
Posted by otro venezolano in entrevistas.trackback
Maruja Torres, catalana e izquiescéptica, alcanzó su mayoría de edad trabajando como periodista para las revistas Fotogramas y Por Favor a mediados de 1964. A partir de allí, fue corresponsal de guerra, entrevistadora, columnista de El País y de las revistas Qué Leer y El Espectador. Su estilo mordaz, cargado de un humor sincero que delata las grietas de las circunstancias que le ha tocado vivir, emerge en sus primeras novelas: ¡Oh, es él! y Ceguera de Amor.
En 1994 publicó el libro de viajes Amor América, seguido por una recopilación de artículos periodísticos, Como una gota, y una novela que, para muchos, fue un testimonio autobiográfico: Un calor tan cercano. Su última creación, Mientras vivimos, fue galardonada con el Premio Planeta 2000 (400.000 euros) , y cuenta el conflicto existencial de tres mujeres que a lo largo del libro se admiran, odian y aman.
- El tránsito del periodismo, donde impusiste un tono y una forma de develar las cosas, a la novelística, ¿fue horizontal o vertical?
- Sigo en mi casa, que es la escritura, por lo tanto es horizontal. Sólo paso de una mesa a otra y de un horario a otro. Yo creo que, en mi caso era el desenlace lógico, porque yo quise escribir novelas desde los 15 años; Terenci Moix guarda mis cartas, que eran largas y disparatadas. El periodismo fue una casualidad y una suerte que me arrancó de la vida de triste oficinista que yo llevaba. A mí el periodismo me enriqueció, me enseñó a afilar el estilo y me dio múltiples experiencias, y eso, para un narrador es muy importante porque disparan tu imaginación y te permiten conocer la naturaleza humana.
- Tú naciste y creciste en un barrio sin libros, en una familia entregada a la supervivencia… Ese es, casi ,el mismo caso de Judit en Mientras Vivimos, pero ¿en qué se diferencian ustedes, o tu también tenías esa desmedida ambición mediática por el éxito sucedáneo de la fama y el estatus portátil?
- Mi padre era maltratador. Él tuvo dos esposas y eso quiere decir que una le provocara más que la otra, sino que las dos eran maltratadas porque él era un alcohólico violento. A mí nunca me pegó, pues yo era la prueba viviente de que a los cuarenta y tantos años todavía era fértil, pero a la mayor si le pegaba. En aquel tiempo mi casa era un lugar terrible, yo con siete añitos le preguntaba a mi mamá: “¿mama por qué no te separas por el juzgao?” y ella me respondía “¡Ay nena! porque es llevar a testigos falsos! Ahora las leyes han cambiado y no discriminan a la mujer, igual hay gente que tiene una vida mala, y entonces el tipo le pega a la mujer y ésta al niño que a su vez la paga con el perro. Eso es una sociedad viciada desde la educación, la falta de respeto al débil: hay que escuchar a los niños, no basta con darles un Walkman o unas zapatillas Nike.
-Y ese pequeño infierno casero, ¿se multiplicaba en tu barrio como lo sentía Judit?
- Retomando la pregunta, los orígenes de Judit y los míos son muy diferentes. Ella proviene de un barrio proletario, de la Barcelona de los sesenta, que apareció con la emigración que trajo la industrialización, mientras que el mío era un gueto de inmigración llamado Barrio Chino, que por cierto fue sacado muchas veces en sus libros por Jean Genet. Había miseria, mucha miseria, pero no era por no comer, era miseria de ignorancia y sobretodo de falta de futuro; en cambio, la gente que vivía en el barrio de Judit tiene futuro, pero ella no lo quiere ver, porque quiere el mundo de lujo y de éxito que ofrece la televisión y que parece representar la gran Regina, que luego veremos que por dentro está hecha una mierda. De Judit yo tenía el hambre por la cultura, que lo compartí con Terenci y su hermana Ana María, éramos criaturas hambrientas de cultura, no de éxito, nosotras nos pasábamos los libros de Sartre y Simone de Beauvoir, que conseguíamos clandestinamente porque estaban prohibidos. Nosotras luchábamos por salir de la ignorancia, y yo, especialmente, por no ser como mi madre y mis tías, que sufrían resignadamente, que descargaban su dolor en forma de maldad en los más débiles, y no me refiero sólo a los niños, sino a los parientes.
- En un reciente libro editado por Robert Rosen sobre globalización, él tomó una muestra de 59 ejecutivos exitosos para avalar el proceso, pero sólo 4 son mujeres. ¿Cree usted que las mujeres siguen limitadas por un techo de cristal?
- No, no es un techo de cristal, es un techo de acero inoxidable, pues si fuese de vidrio a cabezazos lo habríamos roto. Yo vengo de un feminismo muy serio que nos enseñó que teníamos que cambiar el mundo para los hombres y las mujeres, yo no creo que convertirse en alta ejecutiva de empresas sea cambiar el mundo, eso es aceptarlo tal como es. Hay mujeres que valen mucho, que están en esas corporaciones trabajando mucho y siempre están por debajo de un varón que las manda, que con suerte puede ser tan inteligente como ellas, pero yo te diría que el 97% de mis experiencias es que ellas valen más, pero éstos tenían el entrenamiento de 2000 años para reunirse. Lo que se ha conseguido es un maquillaje en las costumbres, pues todavía cuando me siento ante un periodista me preguntan qué siento al escribir como mujer, pero a ningún hombre le preguntan qué siente él como hombre al escribir. Creo que hemos avanzado muy poco, y aunque algunos nos hemos situado muy bien, lo masa no lo ha hecho. Queda un gran porcentaje de mujeres que no han conseguido nada, que son verdaderas esclavas todavía, me refiero a las pobres, las indígenas y las negras, que son explotadas, es decir, al 80% de la población femenina mundial. Por eso te digo, más allá del feminismo oficial, que lo detesto, hay que ser feminista hasta los huesos y no sólo las mujeres, sino los hombres que deseen promover el respeto y la dignidad, hay que seguir buscando la igualdad de derechos, de oportunidades y de deberes.
- Escribiste Amor América saboreando eso que hermosamente llamas el “Espíritu del Tren”, ese formar parte de un microcosmos longitudinal que se hace y deshace en cada estación, en los sube y baja de toda esa gente que te acompaña, pero a la que nada te une. También nos sugieres que todos llevamos enquistados un viaje, que no es vacacional, sino un sueño y que en tu caso fue conocer Latinoamérica. Allí narras diversas historias, de dolor, de política y de literatura, como el encuentro con Osvaldo Soriano, quien después de muerto sigue siendo el desconocido más famoso de las letras argentinas, ¿puedes hablarnos de él?
- Osvaldo era un gato bondadoso, tenía los ojos de un gato, la actitud triste y penetrante de un gato, pero también era ingenioso, tenía ese ingenio tan porteño, tan argentino. Ahora que lo pienso fue por él que entró a mí una cierta melancolía en mi viaje. Osvaldo también era muy generoso y sus novelas son muy especiales, no siguen ninguna pauta, son muy originales. A mí me recuerda mucho al primer Gonzalo Suárez, de Rocabruno bate a Ditirambo, novela que quizá no ha llegado a ustedes, pero que era de una originalidad total. Esta es una sociedad de mierda, en la que todo lo que muere no existe, y sobretodo, lo que no vende tampoco existe. Yo creo que algún día Osvaldo será rescatado por alguien inteligente.
- ¿Hay autores venezolanos que te muevan el piso ?
- Yo podría mentir, podía haberle pedido a la gente de la editorial una lista de autores venezolanos, pero yo te digo que a España llega muy poca cosa. Es mentira que estemos haciendo una gran labor en la madre patria, aparte de los del boom , vemos muy poquita cosa de estos países. A veces van nuevos escritores, se les da un cóctel en la embajada de turno, porque lo paga ésta y luego se les olvida. Por eso, una de las cosas que quiero hacer es llevarme libros de autores venezolanos.
- Y España, ¿Cómo se vive en la madre patria en tiempos de Aznar?
- España se ha vuelto una sociedad amaestrada, materialista e individualista. Sabes, la derecha siempre ha sido muy lista en España y en todas partes, saben unirse porque no tienen ideología, se agrupan en torno al capital. Ahora en España tenemos a esa especie de funcionario que es Aznar, un cobrador de Hacienda. Aquí la gente votó por ese funcionario porque no aguantaba la corrupción del PSOE, pero no había que darle mayoría absoluta, por que la derecha no es corrupta, pues se robó todo hace muchos años, son los dueños del país: ellos vuelven, bajo diferentes formas, pero vuelven.
No soy tan dura
Maruja Torres considera que puede ser muy dura, “pero no soy dura como persona”. Ella aprendió a escribir a solas, por eso se identifica con la Teresa de Mientras Vivimos (Planeta, 2001), “en mi opinión, de las tres es la única que ha triunfado, porque ha muerto sola, pero hizo lo que quería, no en literatura, pero vivió con honestidad”. Para su próxima novela, Torres piensa tomar ciertos elementos del mejor Conrad, “yo leí Lord Jim hace mucho tiempo y no vi más que una novela de aventuras, pero la he releído ahora, a esta edad, y descubro que Conrad es maravilloso, y aunque la crítica dice que Lord Jim es un libro menor, bueno, yo me cortaría las dos manos ahora para escribir un libro menor como ese”.
V1.0 11.06.02 / 02:11 p.m.
Iván ha sido un descubrimiento y un placer encontrar en tu blog esta entrevista,
Soy admirador de Maruja Torres y lo que cuenta aquí, me hace entender mejor porqué la siento tan cercana. Sus análisis en El País Semanal describen impecablemente la realidad española, y su última novela “Esperadme en el Cielo” es una maravilla. En fin un lujo de persona.
Otra vez gracias Iván :)
Saludos
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