Paul Bowles: lo terrible cotidiano julio 27, 2007
Posted by otro venezolano in libros.Tags: Paul Bowles
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Diariamente se venden miles de boletos aéreos. Sea en primera clase, negocios o turista, van sentadas angustias de diversas especies: estrés, tarjetas de crédito abarrotadas o súbitos despechos. Fugitivos, creyentes en la” terapia del cambio de ambiente” como depuradora del espíritu, retornan frustrados a casa al cabo de unas pocas semanas. Emerson lo dijo: “llevan ruinas a las ruinas” y, por supuesto, las traen de vuelta.
“Nadie llega a nada en esta vida
sin alguien que crea en él”.
Paul Auster
Tombuctú, 1999
Para Paul Bowles esos son simples turistas. Mayor interés ofrece el viajero, que “…no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra. Y le hubiera sido difícil decir en cuál de los muchos lugares donde había vivido se había sentido más a sus anchas.” Luego agrega , “…otra importante diferencia entre el turista y el viajero es que el primero acepta su civilización sin cuestionarla; no así el viajero , que la compara con las otras y rechaza los aspectos que no le gustan” (“El Cielo Protector“).
Indiferencia Inicial
El Mary Inmaculate Hospital de Nueva York, fue la locación escogida por Rena Winnewisser para expulsar (con ayuda de fórceps) a Paul Bowles de sus entrañas. Su padre, el dentista Calude Dietz Bowles, molesto por lo largo del parto, regresó al trabajo antes que el médico le cortara el cordón umbilical al escritor recién nacido.
Cuatro años después, recuerda Bowles en sus “Memorias de un nómada” , Calude le dijo: “Tu madre está muy enferma y todo por culpa tuya, jovencito. No lo olvides.” El pequeño Paul fue débilmente consolado por Rena de las palabras ingratas de su padre: “¡Oh cariño! Papá no quería decir eso. Verás, es que lo pasaste bastante mal para venir al mundo. Casi todos los bebés lo hacen de cabeza, pero tu lo hiciste al revés. Y además pesabas casi cuatro kilos”.
Solaris
En su película Solaris (1972), Andrei Tarkovsky nos invade con una pesadilla: un océano que recoge nuestros más secretos deseos y los materializa. Con imágenes no menos potentes y con un tacto de cirujano, Bowles le garantiza a sus personajes que obtendrán cada desgracia sucedánea de sus anhelos. Los disecciona, los desplaza por situaciones cristalinamente paradójicas, los somete a la terrible trama de lo cotidiano. Por ejemplo, en el relato “El Amuleto Vacío” Moumen ya no le responde a su esposa, porque “había aprendido que era inútil esperar que ella siguiese una secuencia lógica de pensamientos”. Víctimas del calor, de la superstición, del Islam, del silencio, de sus ideas, los habitantes del universo de Bowles repiten interminablemente “los gestos sin sentido de la vida humana”.
Desde el indescriptible “Atlajala” que se introduce en la conciencia de los amantes hasta la frágil Day deseando que amanezca pronto para atenuar su pesadilla centroamericana en la “Tierra Caliente” o Julian que suministró cianuro a sus padres la noche de año nuevo, estas mentes de Bowles son terriblemente parecidas a cada uno de nosotros y los detonantes que los arrastran a la súbita demencia no son más complejos que la falta de agua en casa o la simple curiosidad por recorrer las afueras de una ciudad desconocida.
Actualmente, Alfaguara-Santillana distribuye más de media docena de títulos de Bowles, entre otros se pueden consultar: “El Cielo Protector” (Novela llevada al cine por Bernardo Bertolucci en 1990), Un mundo distante ( Colección de terribles y hermosos relatos), “Palabras Ingratas” (Relatos y cartas .Traducido por el escritor Rodrigo Rey Rosa, cuya obra Bowles tradujo al inglés) y “Cabezas verdes manos azules” (Crónicas de viajes por Africa Menor). Un poco más azarosa es la distribución por Grijalbo de “Memorias de un nómada” (Libro escrito a fuerza de paciencia y memoria. De la terrible presencia paterna a la placidez de la retirada vida en Tánger). Seix Barral cuenta con dos joyas autobiográficas en su catálogo: “Días y viajes” (1993); días es el diario de Bowles en Tánger entre 1987 y 1989, mientras que viajes es un “conjunto de escritos acerca de experiencias viajeras no reunidos hasta hoy en volumen ni siquiera en inglés, y que Bowles ha compilado expresamente para esta edición relativos a parajes tan diversos como Madera, Ceilán, Kenia, Fez, Tánger o París”. Asimismo, Seix Barral editó “Muy lejos de casa” y “En Contacto“, libro que sondea el juego de cartas que mantuvo Paul Bowles con Aaron Copland, Jane Bowles y otros. En cuanto a la novela “La casa de la araña” (Debate), aparece y desaparece por años de los anaqueles de las librerías.
Un músico discreto
Amigo y alumno de Aaron Copland, Nadia Boulanger y Virgil Thomson, Bowles obtuvo reputación en los años treinta por sus trabajos de cámara, operas y canciones. También compuso música incidental para obras de Orson Welles, Tennesse Williams, Arthur Koestler, William Saroyan, y de su esposa Jane. En los cuarenta, sus obras fueron ejecutadas por Leonard Bernstein, Lukas Foss, y Maro Ajemian. En 1996 (acompañado por el multinstrumentista Bill Laswell) grabó poemas y lecturas de textos para el sello Meta Records . Hace algunos años, Edouard Roditi le preguntó por su dimisión radical de la música contemporánea a favor de la literatura y Paul respondió: “…la música es muy difícil. Uno sigue los pasos diez años detrás de Antheil, Copland, Blitzstein; veinte detrás de Hindemith y treinta detrás de Stravinsky”.

Bowles abandonó la bulliciosa y mudable vida neoyorquina por su discreto y denso devenir en Moroco, junto a su esposa Jane Bowles (muerta en 1973), quien no sólo lo recibía a él en su alcoba. Escribir, Tomar té de menta en el Café Hafa, recibir y enviar correspondencia desde la Oficina de Correos y atender a los innumerables peregrinos que lo visitaban, fue la esencia de su existir en ese misterioso país, poblado de historias, de ritos, de venganzas, de mitos. Cada semana (hasta su muerte) tocaban a su puerta desde una turista que le aseguraba ser su hija hasta Patricia Hightsmith o Aaron Copland, con quien realizó su primer viaje a Tánger en 1931. Él los recibía en cama, envuelto en frazadas y apoyado en una ostentosa montaña de almohadas.
Algunos viajeros, como William Burroughs, Allen Ginsberg y Gregory Corso (líderes de la Generación Beat que tambaleó los años sesenta) se quedaron a vivir con él en Tánger. Tiempo después, Burroughs escribiría: “El sueño producido por el tifus en El cielo protector y el delirio de hachís al final de Déjala que caiga figuran entre mis pasajes favoritos de la literatura contemporánea”.
Su muerte el 18-11-1999, sólo significó un despliegue estereotipado de titulares alrededor del mundo. Sin embargo, su aislamiento y goce de los secretos de Africa sigue intacto, incomprendido, profundo en los pliegues de su literatura solar, enceguecedora y perturbadora para aquellos que deseen seguir con una vista privada de las envidias y tramas del malvivir cotidiano.
Para algunos (Kant, por ejemplo), su existencia se desarrolla en unos pocos kilómetros cuadrados. Para Paul Bowles, “La vida es un viaje experimental, hecho involuntariamente” (Fernando Pessoa).V1.0 27/10/2000
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