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¿Para qué leer libros en tiempos de Google? Octubre 23, 2009

Posted by ivan in opinión.
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palabrasUna de las nuevas supersticiones del tercer milenio es la creencia de qué todo está en la red. No existe filosofía, enfermedad, biografía, estado de ánimo o hipótesis del mundo que no esté resuelta al alcance de un click en Google o WolframAlpha, en la Wikipedia o en algún tweet (publicación menor de 140 caracteres) de Twitter.A riesgo de parecer alarmista o incluso un agente del clan de los átomos, me atrevo a sugerir que la cultura humana apenas  está ingresando a la red. Otra afirmación no menos antipática:  “cortar y pegar” aún no reemplazan a la lectura, aunque sea de la mala, de esa que muchos hacen mientras ven televisión (imagino que en los comerciales) o aquella que te garantiza que puedes meterte la Biblia en la cabeza en menos de cinco horas. La lectura veloz, quizá por la rima que las hermana, me parece un  síndrome cercano a la eyaculación precoz.

Retomando la ruta del título, sólo puedo responder  que la lectura demorada, con mente sagaz y lápiz  a mano (junto a una libreta o computador), es uno de los últimos goces analógicos, junto a la pasión amorosa, que no deseo reemplazar completamente con archivos PDF o muñecas virtuales. Confieso que los bits me privaron de la sonoridad táctil de los discos compactos, pues el formato MP3 se desliza con facilidad al iPhone o a mi portátil, y qué decir de la fotografía digital,  cómplice pululante de nuestros malos encuadres y sin tener que gastar una fortuna en frustrantes revelados. Lo virtual acompaña a lo analógico, incluso lo enriquece, pero ¿por qué traer la velocidad y la ansiedad de actualización de los bits al ámbito de la reflexión?

¿Quién eres tú?

Así cómo el filósofo y sus franquiciados de la autoayuda te dicen “conócete a ti mismo”, es importante que manejes tu perfil como lector. No hablo de los autores que te gustan, sino de los tópicos que impulsan a tu inteligencia y personalidad a danzar en un placentero enigma, que no sólo ilumina sino que cautiva. A ver, lo ejemplifico, algunas personas responden a quemarropa cuando les preguntas ¿te gusta leer? “¡claro! adoro a Paulo Coehlo”; “el Gabo es mi compañero de almohada” o “no hay vacación en la que no me beba dos o tres  Best Sellers, ¿te leíste el último de Walter Riso?” Ese universo cerrado del autor descubierto y reforzado (por un profesor,  un amante o cualquier figura gigantesca) en el fondo es un prejuicio oculto. Sí, un prejuicio y   de la misma clase de aquel que te repites, una y otra vez, “ya nada suena como U2”  Una mala noticia: existe un mundo inmenso moviéndose en el exterior de esos clichés.

Una manera de ampliar tu campo de batalla es tratar de conectar esas aficiones habituales (lecturas, música, cine) con aquello que sabes hacer en tu vida reglamentada y asalariada. Si eres un médico que coleccionas todos los complots de John Grisham, podrías empezar a tantear autores que procesen la enfermedad  en su arte en forma creativa: Desde el japonés Kenzaburo Oé hasta el  siempre irreverente Emile Cioran, quien  no dudaría en decirte: “la leucemia es el jardín donde florece Dios”, frase  que seguro te mantendrá noches enteras buscándole sentido.

Primera tarea

Ampliar el campo de batalla es tu primera tarea como lector. Hay muchas más, pero sólo puedo indicarte que Jorge Luis Borges, Italo Calvino y el a veces soso  Harold Bloom, le dedican muy buenos ensayos al tema e incluso aventuran catálogos de autores indispensables.

Por ahora, sólo quiero dejarte caer una pequeña estrategia: intenta leer como un escritor. La idea es de Frank Smith (y la leí en un texto de Daniel Cassany, “Describir el escribir”) quien sugiere que al leer un texto debemos comprometernos con el autor y reescribirlo con él. En cada frase, en cada nueva idea podemos anticipar lo que el escritor nos dirá, quien no sólo nos enseñará como se usa el lenguaje escrito, sino que escribirá aquello que nosotros quisiéramos escribir…

Algunos podrán indicarme que no les interesa inscribir, sólo relajarse leyendo. Y otros ni siquiera replicarán, pues saben que son cultísimos a punta de leer. Pero esa es otra superstición: la cultura acumulada y coleccionada como sellos postales o latas de refresco. Esa visión se estrella contra este momento histórico en el cual ser ciudadano demanda mayores habilidades, entre las cuales tenemos, la sugerencia es de  Jesús Martín Barbero,  la de saber escribir y debatir las ideas.

Para redondear, ¿para qué leer libros en tiempos de Google? para tener mayor material a mano para combatir, para replicar en las redes sociales a los políticos que buscan transformarte en una simple extensión de la máquina de votación, para conquistar parejas y, lo mejor de todo, para subir al pent house de tu inteligencia y gozar de una mejor vista del planeta.

Comentarios»

1. gmobuelna - Octubre 24, 2009

Uff, muy cierto lo que comentas respecto a leer como el escritor, pero es sumamente complicado.

Por lo demás excelente el post

saludos

2. David Colina - Octubre 25, 2009

Mi pana, te sigo en facebook y twitter, pero había olvidado lo bien que escribes, a fuerza de vivir en la banalidad de la red social y el microblogging.